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Chicxulub

La causa del colapso de los ecosistemas al cierre del Cretácico (K) ha sido motivo de polémica durante muchos años. Una de las teorías más aceptadas es el impacto de un gran meteorito que trajo como consecuencia cambios bruscos en las condiciones ambientales (Carreño y Montellano, 1997), extinción masiva de especies, así como la formación y acumulación de grandes cantidades de sedimentos que tienen un gran potencial para almacenar hidrocarburos.

El cráter del Chicxulub

Hace 65 millones de años, un meteorito de más de 10 kilómetros de diámetro, impactó la Tierra provocando la extinción de más del 75% de las especies, entre ellas, los dinosaurios que habían dominado el planeta durante 180 millones de años.

Existen diversas evidencias que sustentan la teoría de dicho evento. Actualmente muchos investigadores continúan la búsqueda de información y datos alrededor de la zona del impacto, en lo que actualmente es el Golfo de México; sin embargo, en ese entonces los continentes no tenían la configuración que conocemos actualmente.

En la década de los setenta, los geofísicos Antonio Camargo y Glen Penfield, ingenieros de Petróleos Mexicanos (Pemex), detectaron una anomalía gravimétrica que interpretaron como la estructura de un cráter generado por el impacto de un meteorito. Pero fue hasta 1991, cuando la UNAM y la NASA, analizaron muestras de los pozos perforados por PEMEX, para confirmar esta teoría.

Así, determinaron las dimensiones de un cráter de más de 2.5 km de profundidad y un diámetro superior a los 200 km, siendo éste el cráter más grande y mejor preservado en todo el planeta, hasta nuestros días. Su centro se localiza unos kilómetros al este de Puerto Progreso, abarcando desde la costa de Dzilám de Bravo a Celestún, cerca del poblado de Chicxulub, en el estado de Yucatán, de donde el meteorito toma su nombre (Fig. 1).

Diversos estudios indican que el meteorito impactó a una velocidad de 72,000 km por hora y que la energía del movimiento del meteorito al llegar a la Tierra y ser liberada generó temperaturas de hasta 18,000 °C. La energía del meteorito, debido al movimiento antes del impacto, era la equivalente a 100 millones de megatoneladas de TNT, la cual bastó para poder vaporizar el meteorito en un segundo y hacer un agujero que alcanzó una profundidad de 40km de profundidad; esto pudo ocurrir al generarse dos ondas de choque en el momento que el meteorito hizo contacto con la atmósfera y la superficie de la Tierra: la primera onda aplastó las rocas, rompiéndolas y formando grietas; la segunda afectó al meteorito deformándolo y rompiéndolo al segundo de haber ocurrido el impacto. No se conservan restos del meteorito ya que las altas temperaturas y la fricción vaporizaron todo el material (Álvarez, W., 2009).

El impacto no sólo generó un agujero de enormes dimensiones, sino que también levantó una enorme cantidad de sedimentos, producto de la destrucción de las rocas del sitio y del meteorito, los cuales cubrieron después toda la zona del impacto formando una enorme bola de fuego que lanzó partículas al espacio y a los alrededores del área en meción (Álvarez, W., 2009).

Una de las evidencias geológicas del impacto es la existencia de una capa de arcillas de color oscuro en los sedimentos que marcan el límite del K/T, con la característica de niveles inusuales de iridio (Montanari et. al., 1994). El iridio es un elemento extremadamente raro en la corteza terrestre ya que, debido a sus características, se encuentra principalmente en los núcleos de los planetas o bien en los meteoritos.

Este evento ocurrido a finales del Cretácico generó grandes tsunamis con olas que alcanzaron hasta 300 metros de altura. Millones de toneladas de roca que fueron pulverizadas se quedaron suspendidas en la atmósfera, bloqueando la luz solar y provocando un efecto de “invierno nuclear”, disminuyendo la temperatura global e impidiendo el proceso de fotosíntesis en las plantas (Grajales et al., 2000).

Diversos estudios realizados en el área indican que hubo una deformación de la corteza provocando el colapso del borde de la plataforma continental y produciendo un tipo de rocas conocidas como brechas carbonatadas o brechas de impacto, las cuales son de gran relevancia por su potencial para albergar grandes acumulaciones de fluidos como los hidrocarburos, lo que formó los principales yacimientos petroleros de la sonda de Campeche.

Estas brechas están compuestas de fragmentos de diferentes tipos de rocas dependiendo del lugar de impacto (en el caso de México, su composición es predominantemente carbonatada, es decir formadas por calizas). Es bastante común que brechas de este tipo contengan también roca fundida.

Los hidrocarburos que se almacena en los grandes yacimientos del sureste de México, fueron generados en lutitas (rocas de grano muy fino) con alto contenido de materia orgánica durante el Titoniano, que es el nombre dado al tiempo geológico antes del Cretácico, momento en el cual las condiciones naturales y geológicas propiciaron el desarrollo y acumulación de gran cantidad de materia orgánica. Posteriormente, estos hidrocarburos migraron hacia la brecha carbonatada formada por procesos sedimentarios inducidos por el impacto del Chicxulub.

Los campos del área de Villahermosa y de la prolífica área de Campeche, incluido el Complejo Cantarell, extraen los hidrocarburos de estas brechas. El Complejo Cantarell es conocido por su gran tamaño a nivel mundial, produciendo entre un 60% y un 70% de su petróleo de las impactitas (rocas generadas por impactos) del Chicxulub.

El impacto del Chicxulub marca un momento clave de cambios geológicos y de la dinámica y vida en el planeta provocando la extinción de los grandes reptiles y dinosaurios y dando paso al desarrollo de los mamíferos, mismos que evolucionaron hasta las especies que conocemos hoy en día incluido el ser humano.

Además, permitió la formación de los grandes yacimientos de hidrocarburos sobre los cuales se ha desarrollado la economía de nuestro país, así como importantes investigaciones relacionados con este fenómeno único en toda la historia de la Tierra.

Referencias

Álvarez, W., Tyrannosaurus Rex y el Cráter de la Muerte, Ed. Crítica, 2009.
Barton R., Bird K., García J., Yacimientos de alto impacto, Oilfield Review Winter, 2009.
Carreño, A. L., Montellano-Ballesteros, M., (eds.), Extinción masiva del límite Cretácico-Terciario; mitos y realidades: Unión Geofísica Mexicana, Monografía 4, 1997.
Crespo E., Quintas F. Posible origen catastrófico de las secuencias asociadas al límite K/T en Cuba Oriental. Minería y Geología, 2003.
Grajales J. et-al. Chicxulub impact: The origin of reservoir and seal facies in the southeastern Mexico, 2000.
Montanari, A., Claeys, P., Asaro, F., Bermudez, J., & Smit, J., Preliminary Stratigraphy and Iridium and Other Geochemical Anomalies Across the KT Boundary in the Bochil Section (Chiapas, Southeastern Mexico), Lunar and Planetary Institute, TX, 1994.

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